F.J. SÁNCHEZ JAÉN
El mundo está cambiando. No lo sé. Pero, al menos, se dan pasos para ello. Desde ayer la Administración Obama permite a los estadounidenses con familiares en Cuba viajar a la Isla cuando quieran. Puede marcar época. Hace algunos meses, las intenciones del nuevo inquilino de la Casa Blanca de acercarse a la Isla parecían un deseo. Sólo eso. Pero, la cosa va en serio.
Tras 47 años de bloqueo, el gobierno estadounidense ha suavizado las leyes (la ley de Comercio con el Enemigo, la ley Torricelli, la ley Helms-Burton, entre otras) que confeccionan el embargo contra el régimen comunista. Ahora, un estadounidense con familia en La Habana no tendrá que volar a Cuba con escala en París, en la ida como en la vuelta; ni hará falta la visa de entrada que a la salida se queda en la Isla. Todo con el fin de burlar los controles de las autoridades estadounidenses. Ya basta con el pasaporte. Así, un estadounidense con familia en la Isla podrá visitar a sus pariente más de una vez al año, ir acompañado de su pareja o hijos y gastar hasta 125 euros por día durante su estancia. Evidentemente, sin castigo. O por lo menos, eso parece.
Estas medidas, entre otras, como la desconexión del luminoso de la Oficina de Intereses en La Habana, que emitía informaciones críticas con el régimen, forman parte de los nuevos vientos que soplan en el Despacho Oval; y con los que se quiere impulsar el cambio. No sé si ese cambio se materializará, tal vez está muy lejos. Más todavía con bases estadounidenses en Colombia, que han despertado viejos fantasmas. Pero, creo que es una buena oportunidad en un tiempo en el que hay viejas estructuras que han desaparecido (la URSS), y en el que la aplicación práctica del comunismo, a gran escala, no es viable. Pero sobre todo, porque es cada vez más difícil mantener el aislamiento; y porque hay más cubanos que nunca deseando un cambio. Un cambio, pero no a cualquier precio.
Lo único que hace falta es voluntad, pero por las dos partes. Por desgracia, de momento, eso sólo se ve en uno de los interesados. Puede que algún día el monstruo deje de intentar comerse al guerrero; y el guerrero de sacrificar a sus compañeros de armas por ganar la guerra. Por ahora, sólo sé que dos no pelean, si uno no quiere.
¿Qué les parece a ustedes?