En guerra con las palabras

11 09 2009

F.J. SÁNCHEZ JAÉN

Arranca un nuevo curso político y promete enfrentamientos, como en la legislatura anterior, entre presidente del gobierno y líder de la oposición. La palabra más usada, como el anterior, será crisis. Sin embargo, guerra y Afganistán parecen estar peleadas porque por lo visto no puede ir juntas. Mejor dicho, provocan guerra entre el PSOE y el PP, a pesar de que ninguno está combatiendo en Herat, al menos que sepamos. Las tropas españolas si están allí.  Eso es lo único que debería de importar. 

No sé, pero nadie a habla claro.  El gobierno no quiere  casar Afganistán y guerra, parece que tiene miedo; y la oposición lo único que sabe decir es que en Afganistán las tropas están en guerra.  No sé a quien creer. El caso es que la misión es diferente a la de Irak, ya que es de pacificación, reconstrucción y está bajo el paraguas de las Naciones Unidas y de la OTAN.  Pero, para reconstruir hay que garantizar la seguridad, y para lo segundo hay que estar allí; y por tanto, los soldados españoles tienen que jugarse el pellejo, como los franceses, los alemanes y, por supuesto, los marines, entre otros.  

No estamos en guerra, vale; pero para el caso estamos en una situación en la que para los talibánes somos el enemigo. No entienden de nacionalidades, sólo de invasores. Eso hay que asumirlo y de inmediato. Gobierno y oposición también.  Así, que hay que empezar a tomar decisiones. Lo primero, saber ¿si la estrategia allí funciona o no? Después cuestiones como: ¿las tropas están cumpliendo su cometido?, ¿está la situación mejor que antes?, ¿hacen falta más tropas?, ¿hay que renovar el compromiso?, o ¿hay que irse?, etc. Preguntas para las que, de momento, no parece haber respuesta.

Por ahora sabemos que hoy el Consejo de Ministros aprobará el envío de más tropas españolas, unos doscientos soldados;  que es posible retirarse de Afganistán en cinco años, tras haber instruido al ejército afgano; que Alemania quiere que dentro de 5 años sus tropas no estén en el país; y por último, que Obama está empeñado en enfangarse en una guerra, que él considera necesaria, que amenaza con convertirse en su Vietnam. Esperemos que los nuestros se decidan y pronto, porque es un gasto que puede salir caro (no sólo en dinero), y ahora más que nunca, que estamos en crisis. 





Extraños compañeros de cama

21 08 2009

F.J. SÁNCHEZ JAÉN

Estos días todas las miradas andan puesta, a parte de en Berlín y en Usain Bolt, en Afganistán que acaba de celebrar sus elecciones presidenciales.  La Comunidad Internacional está pendiente del recuento y los resultados oficiales preliminares que no se tendrán hasta dentro de dos semanas.  De momento, se desconoce todo. No se sabe si el ganador es Karzai, que se otorga la victoria en la primera vuelta y renovaría su mandato, o es el principal opositor, Abdulá. Sobre el terreno lo único que se conoce es la participación. Con todo, las elecciones han sido un éxito, según Obama. 

Otra vez vuelve aquel lejano país y los talibanes a  las portadas y a centrar, de nuevo, el curso de las relaciones internacionales de Estados Unidos con el resto del Mundo. Parece que el tiempo no pasa. Barack Obama lo calificó como  el evento del año.  Afganistán lleno de intrincadas montañas, plagado de talibanes y pobre se ha convertido para Occidente en una piedra de toque para garantizar la seguridad de Oriente Medio como globalmente.  De aquel país parece que depende la estrategia a seguir de Estados Unidos con Pakistán (campo de entrenamiento de Al Qaeda); con Rusia; con el terrorismo global; etc. 

Las vueltas que da la vida. No se sabe que fue primero si la gallina o el huevo.  Quién les iba a decir, en  los ochenta, a la CIA y a la Administración estadounidense que su primera línea de batalla y contención contra la URSS en Afganistán, algún día,  les mordería en el cuello. A más de uno le hubiera dado un infarto. Ahora, se comprueba que entrenar y armar a Osama Ben Laden no fue una idea muy afortunada. Aunque fuera el culpable de que las montañas afganas se convirtieran en un infierno para los soviéticos. No sé si alguien en Langley o en el Despacho Oval lo sopesó, si lo hicieron, aquel día pesaron otros intereses. Ya se sabe lo que ocurre en este mundo. El interés crea extraños compañeros de viaje y muchas veces de cama. Son como los líos de una noche, cuando deja de convenir basta con no llamar; o no descolgar el teléfono.  Y para otra ocasión, ya se verá. 

Ahora se vende la moto de la importancia de la elecciones para le seguridad internacional. También, de lo malvados que son tal o cual guerrilla;  y de como cambiaría todo, si las cosas salen como deben. Pero es más de lo mismo. Mucho humo, y nadie hace nada para cambiar lo importante.  He oído, en menos de una semana, como unas mil veces la palabra democracia. No sé, pero nadie me habla de Derechos Humanos, salvo algún que otro medio. Para mí una democracia deja de existir cuando se incumplen.  Tampoco, nadie me ha contado, salvo algunos medios, las penurias de los afganos, lo que vale un afgani, o los diferentes clanes o familias que componen el tejido social de este país asiático. 

En fin…  no pasa nada porque mañana, cuando todos se aburran, ya se buscarán a otro malvado.








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