F.J.SÁNCHEZ JAÉN
Hace 8 años desde que vi caer las Torres Gemelas. Parece mucho, pero no es nada. Menos, cuando todavía colea una guerra que fue consecuencia del atentado terrorista. Aquel 11-S es un día de los que se te quedan grabado en la memoria. Uno no termina de comprender lo que significa hasta que pasa el tiempo. Era verano, estaba en Rota (Cádiz) y me quedaban tres días para regresar a Las Palmas. Lo vi todo almorzando a la hora de los informativos y daba igual la cadena, estaba en todas. También daba igual el país; el atentado fue en un espacio de tiempo que, con los cambios horarios, era prime time en cualquier lugar. Ese día no había Simpsons. Primero uno, luego el otro avión. Primero un incendio; luego un accidente, un avión que se había estrellado contra la torre; después, justo cuando Matías Prats comentaba, el otro avión se lanzaba contra la otra torre. Ya era un atentado. Después una torre cayendo, luego la otra. Me impresionó ver, en las imágenes aéreas, como la columna de humo se imponía sobre el cielo de Nueva York; y la gente lanzándose al vacío. Más tarde, al regresar de la playa, lo volví a ver en todos los informativos, lo escuché en la radio y al día siguiente compré casi todo los periódicos.
Nadie daba crédito a nada. Menos, tras el avión del Pentágono y el de Pennsylvania. Nadie imaginó que el país mas poderoso del mundo podía ser golpeado en pleno centro de su corazón. No se imaginó nunca, ni en la Guerra Fría, por eso la Historia cambió un poco. Ese día todo el mundo conoció quien era Osama Bin Laden, Al Qaeda, y todo lo que había en Afganistán. También, aquella tarde todo el mundo tuvo miedo, y muchos se sintieron un poco más vulnerables.
Fue entonces cuando conocimos mejor a un nuevo enemigo invisible; luego vino la guerra, las cruzadas contra el terrorismo de Bush, Guantánamo, el Eje del Mal, y otra guerra, la de Irak. Ayer se cumplieron 8 años del atentado y supongo… que aprendimos que nadie está a salvo de nada.