Desde hace unos días ando bastante liado, muy desconectado del mundo, salvo por el trabajo, y con muy poco tiempo para escribir. Por eso es normal que haya muchas cosas que me han pasado desapercibidas. Esta es una de ellas, y es del otro día. Ha muerto uno de los protagonistas del beso más famoso de la Historia de la Fotografía. Sí, la enfermera que en 1945 se encontró de forma espontánea besándose con un marinero que celebraba de esta forma el fin de la II Guerra Mundial.
Edith Shain, como se llama la enfermera, ha muerto a los 91 años. Y no fue hasta 1970 cuando salió del anonimato, al desvelarle al propio fotógrafo que era ella la del eufórico beso. Desde entonces, participó en cientos de actos, charlas sobre la guerra y repitió el beso cada año como homenaje. En cuanto al marinero, su identidad es un enigma.
Les pinto la fotografía. Nueva York, 1945. Japón se rinde incondicionalmente y se anuncia por los luminosos de Time Square. La gente estalla de júbilo, hay quien sale a la calle. La euforia recorre las calles de la Gran Manzana, la Guerra ha terminado y ellos han ganado. De repente, un marinero corre por la avenida besando a quien puede; y de pronto agarra a una enfermera y la besa apasionadamente. Click, Click. De la nada ha aparecido un fotógrafo que caza la escena. Es Alfred Eisenstaedt, de Life; y su beso se convertirá en portada y en todo un mito. Resume el sentir de todo lo que vendrá después.
He visto esta foto miles de veces cuando estudiaba Historia Contemporánea; y la he visto una y otra vez por gusto propio; y no me canso de ella. Hay situaciones que tienen esa chispa que nos atrapa, que captan esa esencia de espontaneidad, ese cúmulo de sensaciones; y que hablan por si solas porque lo cuentan todo. A pesar de que me digan que pudo ser trucada. Es la magia del momento. Y el momento es efímero, pasa en segundos; estás en el sitio en el momento oportuno o no lo cuentas. Eso forma parte de la grandeza. Muchas veces tengo envidia del fotógrafo, ya me hubiera gustado ser quien disparaba la cámara. Uno estudia Periodismo para soñar despierto con poder contar una historia como esta algún día.

Me encanta esta fotografía.