A 3º de Primaria

19 05 2010

No sé que le ha hecho el español al gobierno de Zapatero porque parece que en algunos ministerios están en guerra con el idioma y por eso le dan una patada a su gramática. Primero fue el Ministerio de Igualdad con las tediosas repeticiones, ministros y ministras. Luego el absurdo miembra; y ahora el Ministerio de Sanidad muestra una estupidez importante, que llega a rozar el surrealismo. Trinidad Jiménez propone referirse a los recién nacidos como criatura para evitar el sexismo. Y por tanto, suprimir recién nacido. Así, tal cual aparece en el borrador de la Estrategia Nacional de Salud Sexual y Reproductiva, que puede ser aprobado pronto.

Como se pueden imaginar sobran las palabras para calificar semejante ocurrencia. Evidentemente, esta nueva idea no ha gustado nada al sector sanitario que ha criticado en tromba el borrador, por absurdo; y porque hay cosas más importantes de las que preocuparse. Tampoco ha gustado los filólogos. El ridículo ha sido importante y la cosa muy seria. Porque le han tenido que explicar a Trinidad Jiménez que en las consultas a los recién nacidos se les llama bebés, simplemente.

Con tanta corrección política se olvidan de lo más importante: hablar y escribir correctamente. Y para eso hace falta conocer un poco la gramática que se usa. Parece una tontería, pero es fundamental para poder comunicar y sobre todo hacerse entender, que nunca está de más.  No sé en qué ocupan su tiempo en determinados ministerios, pero desde luego lo pierden. Debe ser que no hay cosas importante que solucionar. De todas formas, la Ministra de Sanidad como sus asesores deberían de tener una nueva preocupación: aprobar Lengua Española y Literatura de Primaria. La tienen suspensa.

Para la próxima recuperación espero que el profesor Zapatero les explique a sus alumnos cómo se marca el género en el español; el uso del género en los sustantivos que designan seres animados; qué significa el principio de economía en la lengua; la importancia de consultar los diccionarios y gramáticas; y sobre todo, como lección magistral, que el idioma no es sexista, si no su uso. Sería bonito que aprobaran, sin embargo; algo me dice que en breve volverán a catear.





30 años sin su silueta

5 05 2010

Todo podía empezar de perfil; con un trazo curvilíneo y regordete que se dibujaba en el negro de la pantalla. Eso era suficiente para que muchos tembláramos, porque el crimen rondaba cerca. Si, se trata de Sir Alfred Hitchcock; y un día como el pasado jueves hizo 30 años que su silueta se desvaneció.  Y 30 años sin él es mucho. Desde ese día el mundo es un poco peor.

Hitch dejo al mundo del cine regalos enormes como El hombre que sabía demasiado, 39 EscalonesRecuerda, Encadenados, Atrapa a un ladrón, Vértigo, Psicosis, o Marnie, la ladrona. Pero Hitchcock es mucho más que su cine. Británico, de aspecto simpático y distraído, hizo del asesinato su forma de vida; y nos enseñó que eso de matar era un arte. Solo había que darle un motivo; el asesinato y la historia corrían de su cuenta. Con él ya nada fue igual. Se sumergió en nuestro subconsciente hasta encontrar nuestros miedos, jugó con ellos; llevó al límite nuestras aversiones para desvelarnos que, en ocasiones, el pasado lo era todo.

Con su cine hicimos un cursillo avanzado sobre el asesinato y la psicología del criminal para comprender que con él nada es lo que parece. Nunca mostraba las cosas, las sugería porque era más interesante. Y de sus clases aprendimos algunas cosas esenciales. Lo básico; que todo tiene un motivo; que hay que temer lo que no podemos ver; y a intuir que quien calla es siempre un posible criminal. Los mayordomos le deben a Hitchcock dejar de ser sospechosos, porque al final no mataron a nadie.  Los más avanzados le debemos que nos enseñara qué ocurre cuando se sabe demasiado o cuando te confunden con otro; los peligros de ser cotilla y espiar a tu vecino de enfrente por una Ventana indiscreta; y a templar los nervios porque bien te delatan, o bien estrangulas a tu querido amigo con La soga.

Hollywood nunca le concedió un OSCAR; perdón porque miento, en realidad sí le dieron uno, pero honorífico. Fue en 1968; la Academia quiso salvar la cara y darle un reconocimiento; todo, por si se moría algún día, así no quedaban mal. Cosas de la Meca del cine. No se sentó nunca en el banquillo de los acusados, pero bien podría haberlo hecho por culpable. Él tuvo la idea de rodar, por ejemplo, una de las escenas más imitadas en las películas de suspense. Desde entonces las duchas ya no me dan miedo porque sé lo que puede ocurrir. A ese cargo se le suman otros, tales como: hacer que la muerte persiguiera los talones de Gary Grant, poner al borde de la muerte a Grace Kelly en un fallido  Crimen perfecto; que nos entren ganas de matar a ciertos impertinentes que no se rinden ante la primera negativa; y sobre todo que nos encanten las rubias.

Cuando se enciende la luz, al final de todo; de esa sonrisa fría y sobrecogedora de Psicosis sabemos que se esconden unas ganas tremendas de sorprendernos. Nadie quiso matarnos. Solo hubo ansiedad por jugar con nosotros, al hacer  que tacháramos una y otra vez el nombre de nuestro candidato a asesino. Siempre sucede igual, nunca acertamos. Es lo que tiene jugar contra el maestro. En el peor de los casos comprobamos que el Crimen Perfecto es un mito. Si no, al menos, nos queda el consuelo de que lo reconocimos dentro de su película.








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