El viaje arranca días antes cuando la incertidumbre inunda tu cabeza; qué me llevó en la maleta; necesito una guía, tengo que cambiar a libras. La aventura comienza mientras localizas en un callejero tu base de operaciones en Londres, cuando pasas revista a las paradas de metro que hay hasta llegar a la zona 3; y cuando terminas de planificar tu ruta de caza. La duda forma parte del viaje, sino es así, nunca se viajó. El resto son trámites dentro del aeropuerto.
Me gustan los aeropuertos por lo cinematográfico que tienen. Pasamos horas y horas esperando la salida de un vuelo, aguardamos colas desesperantes, nos cruzamos con miles de caras; cada una tiene su historia. Si uno aprende a mirar, se descubre todo. Ella va a encontrarse con su novio; él estudia fuera de casa este año; la rubia y la morena se van de juerga; el alto moreno tiene una reunión de trabajo… Como en La ventana indiscreta, siempre se encuentran los indicios. Sin embargo, no me gustan la cantidad de ridiculeces de los aeropuertos. Mi favorita la llaman control rutinario; por su seguridad y por la de todos. Con esa consigna y la de analizar por rayos x hasta un chupete se ven imágenes lamentables. El caballero bajito aguantándose los pantalones que se le caen con una mano y en la otra los zapatos; la rubia de ojos verdes y 1,90 de altura con dos bolsitas de plástico en los pies, mientras analizan a quien asesinará con sus tacones de aguja; el pequeño que llora porque el de seguridad estudia su Action Man y los 25 jóvenes que desenfundan sus portátiles para demostrar que no son espías del KGB, y que no introducirán ningún virus en el avión. Después, identificarte de nuevo ante la Policía, para que luego todo se arregle con 40 minutos de espera hasta embarcar.
Tras dos horas y media de vuelo, toca un aterrizaje tranquilo, bajar las escaleras; y antes de entrar en la terminal en vez de bienvenidos a… hay que enseñar tu carné. Si por algunos fuera entraríamos con el DNI entre los dientes y sin camisa. Por suerte ya recogí mi equipaje , y tengo tres semanas de pseudo-vacaciones en Londres hasta el próximo control rutinario.
