Notas desde Londres (0): Dudas, aeropuertos y controles

20 09 2010

El viaje arranca días antes cuando la incertidumbre inunda tu cabeza; qué me llevó en la maleta; necesito una guía, tengo que cambiar a libras.  La aventura comienza mientras localizas en un callejero tu base de operaciones en Londres, cuando pasas revista a las paradas de metro que hay hasta llegar  a la zona 3; y cuando terminas de planificar tu ruta de caza. La duda forma parte del viaje, sino es así, nunca se viajó. El resto son trámites dentro del aeropuerto.

Me gustan los aeropuertos por lo cinematográfico que tienen. Pasamos horas y horas esperando la salida de un vuelo, aguardamos colas desesperantes, nos cruzamos con miles de caras; cada una tiene su historia. Si uno aprende a mirar, se descubre todo. Ella va a encontrarse con su novio; él estudia fuera de casa este año; la rubia y la morena se van de juerga; el alto moreno tiene una reunión de trabajo… Como en La ventana indiscreta, siempre se encuentran los indicios. Sin embargo, no me gustan la cantidad de ridiculeces de los aeropuertos.  Mi favorita la llaman control rutinario; por su seguridad y por la de todos.  Con esa consigna y  la de analizar por rayos x hasta un chupete se ven imágenes lamentables. El caballero bajito aguantándose los pantalones que se le caen con una mano y en la otra los zapatos; la rubia de ojos verdes y 1,90 de altura con dos bolsitas de plástico en los pies, mientras analizan a quien asesinará con sus tacones de aguja; el pequeño que llora porque el de seguridad estudia su Action Man y los 25 jóvenes que desenfundan sus portátiles para demostrar que no son espías del KGB, y que no introducirán ningún virus en el avión. Después, identificarte de nuevo ante la Policía, para que luego todo se arregle con 40 minutos de espera hasta embarcar.

Tras dos horas y media de vuelo, toca un aterrizaje tranquilo, bajar las escaleras;  y antes de entrar en la terminal en vez de bienvenidos a… hay que enseñar tu carné.  Si por algunos fuera entraríamos con el DNI entre los dientes y sin camisa. Por suerte ya recogí mi equipaje ,  y tengo tres semanas de pseudo-vacaciones en Londres hasta el próximo control rutinario.





Muere un beso

25 06 2010

Desde hace unos días ando bastante liado, muy desconectado del mundo, salvo por el trabajo, y con muy poco tiempo para escribir. Por eso es normal que haya muchas cosas que me han pasado desapercibidas. Esta es una de ellas, y es del otro día. Ha muerto uno de los protagonistas del beso más famoso de la Historia de la Fotografía. Sí, la enfermera que en 1945 se encontró de forma espontánea besándose con un marinero que celebraba de esta forma el fin de la II Guerra Mundial.

Edith Shain, como se llama la enfermera, ha muerto a los 91 años. Y no fue hasta 1970 cuando salió del anonimato, al desvelarle al propio fotógrafo que era ella la del eufórico beso. Desde entonces, participó en cientos de actos, charlas sobre la guerra y repitió el beso cada año como homenaje. En cuanto al marinero, su identidad es un enigma.

Les pinto la fotografía. Nueva York, 1945. Japón se rinde incondicionalmente y se anuncia por los luminosos de Time Square. La gente estalla de júbilo, hay quien sale a la calle. La euforia recorre las calles de la Gran Manzana, la Guerra ha terminado y ellos han ganado. De repente, un marinero corre por la avenida besando a quien puede; y de pronto agarra a una enfermera y la besa apasionadamente. Click, Click. De la nada ha aparecido un fotógrafo que caza la escena. Es Alfred Eisenstaedt, de Life; y su beso se convertirá en portada y en todo un mito. Resume el sentir de todo lo que vendrá después.

He visto esta foto miles de veces cuando estudiaba Historia Contemporánea; y la he visto una y otra vez por gusto propio; y no me canso de ella. Hay situaciones que tienen esa chispa que nos atrapa, que captan esa esencia de espontaneidad, ese cúmulo de sensaciones; y que hablan por si solas porque lo cuentan todo. A pesar de que me digan que pudo ser trucada. Es la magia del momento. Y el momento es efímero, pasa en segundos; estás en el sitio en el momento oportuno o no lo cuentas. Eso forma parte de la grandeza. Muchas veces tengo envidia del fotógrafo, ya me hubiera gustado ser quien disparaba la cámara. Uno estudia Periodismo para soñar despierto con poder contar una historia como esta algún día.








Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.